Hormonoterapia

Según un equipo de investigadores del Centro Médico Erasmus, de Rotterdam, en Holanda, fumar incrementa el riesgo (un 50%) de padecer demencia y enfermedad de Alzheimer comparado con aquellas personas no fumadoras o que abandonaron el hábito.

Esto está relacionado con distintos mecanismos: Por un lado fumar aumenta el riesgo de enfermedad cerebrovascular que está relacionada con la demencia y por otro lado, el estrés oxidativo es mucho mayor, lo cual también se aprecia en el Alzheimer, además de que estudios han demostrado que las personas fumadoras ingieren menos antioxidantes en su dieta.

A la hora de decidir iniciar una terapia de sustitución hormonal, hay que tener en cuenta los riesgos y beneficios que de ella se derivan, los cuales se van a ver influidos por la propia personalidad y preferencias de la paciente, sus factores de riesgo y predisposición ante determinadas enfermedades crónicas y la presencia o ausencia de síntomas perimenopáusicos. Así pues, el inicio o continuación de la terapia deben derivar de una decisión valorada entre el medico y la paciente considerando lo expuesto anteriormente.

Algunos grupos de expertos recomiendan que las mujeres que decidan iniciar una terapia hormonal para aliviar los síntomas menopáusicos, lo hagan utilizando las mínimas dosis efectivas y durante el menor tiempo posible.

Aunque la sustitución hormonal sea eficaz frente al riesgo de fracturas y otras enfermedades relacionadas con la menopausia, existen otras medidas eficaces frente a las mismas, como por ejemplo la calcitonina y los bifosfonatos que favorecen el depósito cálcico y así el aumento de densidad ósea.

Las terapias estrogénicas que no se acompañan de progestágenos, aumentan el riesgo de cáncer endometrial en mujeres con útero sano.

Con todo ello, el médico debe valorar todos los pros y contras con la paciente y considerar las terapias alternativas de las que se dispone antes de iniciar el tratamiento.

Riesgos y beneficios de la hormonoterapia, derivados de la evidencia científica:

  • Beneficios

En conjunto existe una buena evidencia derivada de estudios observacionales y ensayos clínicos aleatorios que apoya la eficacia de la terapia hormonal en el aumento de la densidad ósea y en la disminución del riesgo de fracturas. La rama del ensayo WHI (Women’s Health Initiative), centrada en el estudio de la terapia combinada estrógenos-progestágenos, encontró disminuciones significativas en el riesgo total de fracturas; sin embargo, aunque también mostró una reducción de las fracturas vertebrales y de cadera, éstas no alcanzaron una significación estadística. Por contra, el estudio HERS (Heart and Estrogen/pregestin Replacement Study), no encontró disminución de las fracturas de cadera, muñeca, vertebral ni de las fracturas totales.

Los estudios WHI y HERS muestran una tendencia en la reducción de la incidencia del cáncer colorectal, aunque no se han alcanzado resultados estadísticamente significativos.

  • Riesgos:

Los estudios WHI, HERS y U.K. Million Women mostraron un aumento de la incidencia del cáncer invasivo de mama entre las mujeres tratadas con terapia combinada; sin embargo, no se han observado variaciones en la mortalidad.
En el estudio WHI se observó que las mujeres que tomaban combinados de estrógenos y progestágenos diariamente, comparadas con las que tomaban placebos, tenían un aumento del riesgo de enfermedad coronaria, que además tuvo lugar al poco tiempo de iniciarse el estudio. Sin embargo, el aumento de la mortalidad no fue significativo.

Un metaanálisis de 9 estudios observacionales de prevención primaria sugieren que la hormonoterapia se asocia con un pequeño aumento de la incidencia de accidentes cerebrovasculares, debidos sobre todo a tromboembolismos.

Un metaanálisis de algunos ensayos clínicos aleatorios, de casos-control y de cohortes asocian la terapia con un aumento del riesgo de tromboembolismo venoso (trombosis venosa profunda y embolia pulmonar).

Los resultados sobre los efectos en la capacidad cognitiva y la demencia han sido muy variables y heterogéneos, pero con dudosa validez externa e interna. El estudio WHI mostró una disminución de las funciones cognitivas y un aumento del riesgo de demencia.

Tras un metaanálisis de estudios observacionales parece observarse un aumento del riesgo relativo de cáncer endometrial entre usuarias de monoterapia con estrógenos y aquellas que no han usado hormonoterapia. Dicho riesgo aumenta con la duración del tratamiento.

En cuanto al cáncer de ovario los resultados son variados y los datos inconsistentes.

Un estudio de cohortes, el “Nurses’ Health Study”, informó sobre un aumento del riesgo de colecistitis entre usuarias de hormonoterapia. El estudio HERS también mostró un aumento de la cirugía de la vía biliar entre las mujeres usuarias de terapia combinada.

Según un estudio de la Facultad de Medicina de San Diego (California), los niveles bajos de testosterona a partir de los 50 años podrían aumentar el riesgo de mortalidad con lo años en varones hasta un 33%.

Esto se explica porque los niveles bajos de testosterona:

  1. Favorecen el depósito de grasa y el desarrollo de Síndrome Metabólico y diabetes, y por tanto aumenta el riesgo cardiovascular.
  2. Aumentan los niveles de citocinas (mediadores de la inflamación), que predisponen a ciertas patologías.

Aunque este problema podría paliarse mediante una terapia hormonal sustitutiva, una medida mucho mas asequible y aceptada es un cambio en estilo de vida, abandonando el sedentarismo y mediante una dieta sana y equilibrada, lo cual influye positivamente en los niveles de testosterona.

Un estudio demuestra que cualquier actividad que suponga un gasto de energía en las personas mayores puede contribuir a prolongar y a la vez mejorar la calidad de vida. Entre dichas actividades pueden encontrarse tanto tareas del hogar como barrer, quitar el polvo, hacer la comida, etc… como tener personas a su cuidado, desarrollar algún oficio o alguna actividad de ocio.

En dicho estudio se vio como aquellas personas que tenían el mayor grado de gasto energético reducían a la mitad el riesgo de morir, frente a aquellas con un gasto mínimo.

Por lo tanto, el deporte no es la única clave para mantener una vida sana y duradera; cualquier actividad física que conlleve cierto gasto energético puede ayudar a conseguirlo.

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